EL RACISMO EN EL FÚTBOL
En la actualidad, muchos de los seguidores del fútbol rechazan o no aprecian el talento de ciertos jugadores tan solo por el color de su piel. No habría problema si la gente se limitase a pensarlo, pero los actos de racismo van a más.
No se necesita más que ver un partido y observar la conducta del público hacia jugadores como Eto’o, Ronaldinho o Robinho.
Por ejemplo, el último partido disputado en Zaragoza contra el equipo local, dio algo más que vergüenza, pena, mal ejemplo, violencia, desesperación y ganas de volver a jugar.
El público se levantó de la gradería y empezó a insultar al camerunés Samuel Eto’o, quién después de todo el espectáculo mostrado por los seguidores maños, decidió, en medio del parido, abandonarlo. Pero se quedó gracias al apoyo mostrado por sus compañeros –quienes declararon después que ellos también hubieran abandonado el campo si su compañero lo hubiese hecho- del entrenador y hasta del árbitro, quién no permitió que se fuese.
Cuesta de creer, que todavía en el siglo XXI, queden restos de racismo y de violencia, y más en los deportes, donde lo más importante es el trabajo en equipo y no la distinción de color.
La imagen que da España al resto del mundo es decadente, racista, poco desarrollada y sobre todo, penosa.Se deberían tomar medidas más drásticas y enseñar en las escuelas que este tipo de conductas no son correctas, pero el problema es que no solo viene por los seguidores, sino que la política de este país también está infundada por racismo. Y decimos muchas cosas y criticamos mucho a gente que solo valora el color de la piel, pero a veces las causas mayores empiezan por pequeños detalles que provocamos y tenemos en nuestras narices pero a veces no queremos darnos cuenta.
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